Isabel María Herráiz, más conocida como la Beata de Villar del Águila, quien a finales del siglo XVIII, y dentro de la corriente de los Iluminados y Transustanciados, divulgó por toda la comarca el mensaje de que tanto Jesucristo como la Virgen María moraban en su pecho por lo que toda aquella persona que tuviera contacto con ella comulgaba de facto, lo que –evidentemente- dio lugar a las situaciones más peregrinas que imaginar se pueda.
Contaba que «Jesucristo le ha revelado que ha consagrado su cuerpo, cambiando su propia carne y su sangre en la sustancia misma de ese cuerpo, para así llevar a cabo de manera más perfecta su unión amorosa con ella.
El delirio de esta mujer provocó exaltadas discusiones teológicas entre curas y frailes. Unos sostenían que tal cosa era imposible según los caminos seguidos de ordinario por Dios, puesto que sería preciso suponer en la beata unas prerrogativas superiores a las de la mismísima Virgen María y porque esa transubstanciación demostraría que el pan y el vino no son la única materia del sacramento de la Eucaristía; los otros se empeñaban en probar que el hecho no era importante «Los cómplices de esta pícara, y los fieles engañados por ella, llevaron su locura hasta el punto de adorarla y venerarla con un culto de latría; la pasearon en procesión por las calles y por la iglesia con velas encendidas; la incensaron como se hace con la sagrada hostia en el altar; por último, se postraron ante ella y le hicieron infinitas, otras demostraciones no menos sacrílegas. La inquisición puso término al escándalo con una sentencia de la cual dice Llorente que es la más equitativa de que tiene noticia.
La beata fue encerrada en los calabozos del Santo Oficio y allí murió. Fue quemada en efigie. El cura de su pueblo y dos frailes reos de complicidad fueron desterrados a las Filipinas».posible, teniendo en cuenta la potencia infinita de Dios...».
Popularmente se cuenta que la beata fue enterrada en uno de los escalones que dan acceso a la iglesia de San Pedro, con el fin de ser pisada por todo aquel que entrase en dicha iglesia

 

Página realizada por Pilar Jiménez Cifuentes